Poesia El valor de las mujeres
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Dios creó el mundo, pero no estaría completo si no fuera por la creación de la mujer: Dios creó a Eva.
En momentos difíciles, de dolor y soledad, solo se puede soportar con la amistad y el compañerismo de una gran amiga. Eso lo aprendemos de una joven llamada Rut.
¿Y qué decir cuando no hay salida y necesitamos a alguien que esté dispuesto incluso a entregar su propia vida si fuera necesario? Así fue la reina Ester.
El instinto materno de una mujer es tan fuerte que supera obstáculos, enfrenta dificultades y deposita su fe en el único que puede actuar a su favor, solo para tener en sus brazos el fruto de su amor. Su nombre es Ana.
La mujer que teme a Dios es una fortaleza en las manos del Señor. Incluso el débil se vuelve fuerte, porque sabe que su confianza no está en sí misma. Esa fuerza la lleva a vencer muchas batallas. No podíamos olvidarla: su nombre es Débora.
¿Y qué decir de una mujer tan amada, tan especial, por la que vale la pena sufrir con ansias, solo para tenerla en los brazos, incluso si hay que esperar años? ¿Ya sabes de quién hablo? Su nombre es Raquel.
Podría seguir con una lista interminable de nombres de mujeres importantes que marcaron la historia, pero aquí voy a terminar. Aunque no sin antes mencionar a aquella que tuvo el privilegio de amamantar a nuestro Salvador. Todos ya saben de quién hablo: María, la mujer que representa a todas.
En todos estos nombres están muchas mujeres formadas por nuestro Dios:
mujeres dulces, fuertes, valientes, amigas, justas, alegres, inteligentes, sensibles, comprensivas, hermosas, guerreras, amables...
Y entre todas ellas estás TÚ.

Dios creó el mundo, pero no estaría completo si no fuera por la creación de la mujer: Dios creó a Eva.
En momentos difíciles, de dolor y soledad, solo se puede soportar con la amistad y el compañerismo de una gran amiga. Eso lo aprendemos de una joven llamada Rut.
¿Y qué decir cuando no hay salida y necesitamos a alguien que esté dispuesto incluso a entregar su propia vida si fuera necesario? Así fue la reina Ester.
El instinto materno de una mujer es tan fuerte que supera obstáculos, enfrenta dificultades y deposita su fe en el único que puede actuar a su favor, solo para tener en sus brazos el fruto de su amor. Su nombre es Ana.
La mujer que teme a Dios es una fortaleza en las manos del Señor. Incluso el débil se vuelve fuerte, porque sabe que su confianza no está en sí misma. Esa fuerza la lleva a vencer muchas batallas. No podíamos olvidarla: su nombre es Débora.
¿Y qué decir de una mujer tan amada, tan especial, por la que vale la pena sufrir con ansias, solo para tenerla en los brazos, incluso si hay que esperar años? ¿Ya sabes de quién hablo? Su nombre es Raquel.
Podría seguir con una lista interminable de nombres de mujeres importantes que marcaron la historia, pero aquí voy a terminar. Aunque no sin antes mencionar a aquella que tuvo el privilegio de amamantar a nuestro Salvador. Todos ya saben de quién hablo: María, la mujer que representa a todas.
En todos estos nombres están muchas mujeres formadas por nuestro Dios:
mujeres dulces, fuertes, valientes, amigas, justas, alegres, inteligentes, sensibles, comprensivas, hermosas, guerreras, amables...
Y entre todas ellas estás TÚ.

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